
A lo largo de la Historia del Arte aparecen algunos artistas que, cual estrellas fugaces, tienen una corta vida, pero sin embargo dejan una huella que perdura a lo largo de los siglos. Es el caso de Georges Seurat, un artista de cuya vida han quedado pocos testimonios escritos y un número relativamente pequeño de obras. A pesar de esto, la originalidad y calidad de su obra lo ubican en un lugar relevante entre los artistas que, apartándose del vigente Impresionismo, abrieron nuevos caminos para el Arte.
Nacido en París en 1859 en el seno de una familia acomodada, pero no del todo bien estructurada. Su padre pasaba la mayor parte del tiempo en una casa en las cercanías de París, mientras su madre quedaba al cuidado de los niños. Esto hizo que la madre fuera su principal vínculo familiar y, hasta su muerte la visitaba con frecuencia.
Un tío estimuló su interés por el Arte y luego de recibir clases de dibujo, a los 18 años ingresó en la Escuela de Bellas Artes donde estudió a artistas clásicos y en particular a Ingres. Allí estudió hasta que, para hacer el servicio militar se trasladó a Brest, en Bretaña,. No se destacó como alumno, pero la Escuela de Bellas Artes dejó una fuerte influencia en su carrera como dibujante y pintor.
A su regreso a París, Seurat comenzó a admirar la obra del pintor simbolista Pierre Puvis de Chavannes (1824-1898) y también la del pintor realista Jean F. Millet (1814-1875). Pretendía plasmar las cualidades clásicas en un contexto contemporáneo, aunando la inmediatez del Impresionismo con la solidez de la obra clásica.
En las obras que Seurat pinta entre 1881 y 1883 se aprecia esta búsqueda y avanza hacia la consolidación de un estilo propio. Es un período de crisis para el Impresionismo, ya que varios artistas que estuvieron cercanos a este movimiento comienzan la búsqueda de otras formas de expresión, que años más tarde darían origen a las grandes corrientes del Arte Moderno que caracterizan al siglo 20. Así tenemos a Paul Cézanne, Paul Gauguin, Vincent Van Gogh y a Georges Seurat, figuras dispares que lograron consagrarse al encontrar su propio estilo, y ejercer así una gran influencia en las nuevas generaciones de artistas. Muchas veces se los llama Postimpresionistas o Neoimpresionistas, para diferenciarlos de los típicos Impresionistas como Claude Monet o Pierre Renoir.
En 1884, a los 24 años, Seurat presentó en el Salón de los Independientes (ya que había sido rechazada en el Salón Oficial) su obra “Un baño en Asniéres”. Es un lienzo de gran tamaño (200×300 cm) que muestra muchas de las características de su estilo, un paisaje suburbano con un grupo de personas claramente representadas en el ocio de un día de verano. Es, como quería Seurat, la combinación de un tema contemporáneo con las formas clásicas que él apreciaba. A diferencia de otros artistas que iban a orillas del río con los elementos para pintar y en unas pocas horas terminaban un cuadro, Seurat realizó 14 tablas al óleo y 9 dibujos preparatorios antes de concretar la obra. Era un trabajador infatigable, que realizaba en el lugar pequeñas tablas con los principales elementos de la composición, para luego hacer la obra definitiva en su estudio. Este cuadro transmite la serenidad de un día de verano a orillas del Sena y, al mismo tiempo, hay una cierta frialdad en los personajes que parecen encerrados en su mundo.
La obra despertó elogios y críticas. Entre los asistentes se encontraba el crítico de arte y periodista Félix Fénéon, que se convirtió en amigo y confidente de Seurat. También un joven pintor llamado Paul Signac (1863-1935) que pasó a ser amigo y seguidor de Seurat. Fue el que más fielmente continuó con el programa neoimpresionista de su maestro.
En la segunda mitad del siglo 19 se producen importantes avances en el estudio de la luz como fenómeno físico, y conjuntamente el desarrollo de nuevos pigmentos. La industria textil está en plena expansión y demanda nuevos colores, para las telas que pide la burguesía en ascenso. Esto hizo que se profundizara en el estudio del color y sus efectos sobre las personas.
Seurat buscaba reemplazar la espontaneidad de la pintura impresionista, por la planificación de la obra con base científica. Estudió para ello las obras del químico Chevreul sobre la relación de un color con los que lo rodean y la del físico Rood sobre la descomposición y recomposición de la luz. De esto surgió una técnica pictórica innovadora a la que se denominó Puntillismo, ya que consistía en aplicar pequeños puntos de colores complementarios. Éstos se combinarían en la retina del observador de la pintura, dando una obra más luminosa y vibrante. Por este motivo conviene observar la obra desde una cierta distancia, que algunos estimaban en tres veces la longitud de la diagonal del cuadro.
En los años 1885/86 trabajó Seurat en su obra consagratoria y plenamente puntillista: “Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte”. Es una obra de grandes dimensiones (207,6×308 cm) ambientada en una isla del Sena, que en ese tiempo era un concurrido lugar de ocio y esparcimiento para la clase baja parisina. Hay en el cuadro más de 40 figuras, mayormente mujeres, en distintas poses y actitudes. La preparación para pintar el cuadro con sus criterios le demandó a Seurat la preparación de 30 tablas, 25 dibujos y 3 grandes bocetos.
Actualmente está considerada una de las pinturas más relevantes del siglo 19.
Desde que fue presentada hasta la actualidad, ha habido grandes discusiones sobre el tema representado. Algunos dicen que la mujer representada en primer plano a la derecha paseando del brazo de un hombre es una “cocotte”, término con que se designaba en esos tiempos a una prostituta de lujo y hay también una referencia parecida en la mujer que pesca a la izquierda. Otros sostienen que la obra representa las distintas clases sociales del París de ese tiempo. No existiendo un testimonio del propio Seurat, la discusión sigue abierta. Lo que se observa en el cuadro es que no parece haber comunicación entre los protagonistas, y la única figura que mira al espectador es la niña de blanco en el centro del cuadro.
En 1888 presentó otra obra en formato grande (207,6x 308 cm) llamada “Las modelos”. Es una obra de estudio, en la que una misma joven mujer desnuda aparece en tres poses distintas. Como contraste, se observa en una de las paredes una parte de “Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte”. Por un lado tenemos la naturalidad de jóvenes desnudas y por el otro la rigidez de las figuras vestidas con sus mejores ropas.
Seurat viajó en esos años a la costa de Normandía donde pintó numerosas escenas marinas con su técnica puntillista.
En las últimas décadas del siglo 19 un tema recurrente era el del entretenimiento en la sociedad parisina. Así, varios artistas representaron el café-concert, los bailes y el circo como espectáculos populares. Seurat no fue ajeno a esta tendencia y por eso tenemos una serie de bellas obras que representan su visión de estos temas.
Seurat era una persona extremadamente introvertida y le gustaba mantener en secreto su vida personal. No participaba de la vida bohemia de sus colegas artistas. Aunque no vivía con su madre iba regularmente a cenar con ella. A fines de marzo de 1891, con tan solo 31 años, enfermó, no está claro si de neumonía o de difteria, y falleció en pocos días. Fue en ese momento que su familia se enteró que tenía una amante, la joven modelo Madeleine Knobloch, con la que vivía y le había dado un hijo, Pierre, que falleció dos semanas después.
Qué hubiera ocurrido si Georges Seurat no habría fallecido tan joven? Alguien que fue capaz de crear una nueva técnica pictórica a los 24 años, viviendo en París, donde en las décadas siguientes surgirían la mayor parte de las corrientes del Arte Moderno, qué más nos habría dado? . No tenemos la respuesta, pero tenemos su obra, reducida pero trascendente, para verla y disfrutarla. Gracias Georges!
2 Comments
Georges Seurat artista que no figura en el ideario popular impresiona avanzando en una tecnica que la modernidad necesito con el plagio llevadoa los pixels, Hermosas y frias obras que marcan la distancia entre el pintor y la escena
Me encantó tu comentario, Julio. Muchísimas gracias