
Agregando un nuevo episodio a esta serie de “Genios que mueren jóvenes”, esta entrada estará dedicada a este notable compositor austríaco.
El caso de Franz Schubert me conmueve especialmente, porque cuando escucho esa música que me ha acompañado a lo largo de mi vida, no puedo dejar de pensar en el hombre. El que a pesar de sus penurias económicas y el escaso reconocimiento que tuvo en su vida, no dejó nunca de componer. En sus tan solo 31 años de vida compuso más de 600 canciones (“lied”), óperas, sinfonías, música de cámara y música sacra. Su creatividad y disciplina de trabajo le permitieron crear, en sus pocos años de vida, esa obra monumental.
Primeros años
Franz Peter Schubert (1797-1828) nació en Viena en el hogar de Franz Theodor y Elizabeth Vietz. Fue el duodécimo hijo de los catorce que tuvo la pareja y uno de los cinco que llegó a la adultez, ya que nueve fallecieron en la infancia. Los padres de Franz provenían de la Silesia austríaca y se mudaron a un suburbio de Viena para que el padre de Schubert desarrollara su actividad como docente. Es en esa escuela, en Lichtental, donde a los cinco años comenzó a recibir clases de su padre y al año siguiente se matriculó en la misma.
Desde muy pequeño Franz mostró sus habilidades musicales, creciendo en una familia modesta, que valoraba la música y la cultura. Era tal su talento innato, que al poco tiempo de recibir clases de piano de su hermano Ignaz, lo superó.
A los ocho años recibió lecciones de violín de su padre y, en poco tiempo participaba en un cuarteto de cuerdas interpretando la viola junto a su padre en violoncello y dos hermanos en violín. Pero la gran revelación de su genio surgió cantando en el coro parroquial de Lichtental.
El ambiente musical de Viena a comienzos del siglo 19 era extraordinario, ya que vivían allí músicos de la talla de Franz Joseph Haydn y Ludwig van Beethoven. Pero, como músico principal de la Corte de Viena, la mayor autoridad musical era el italiano Antonio Salieri (1750-1825).
Cuando lo escuchó cantar a Franz, reconoció un talento excepcional y obtuvo para él una beca para formarse en el Stadtkonvikt, un internado de formación integral para los niños del coro de la Corte de Viena. Incluso le dio a Franz clases particulares de composición que, junto con la posibilidad de acceder a obras de Mozart y Beethoven y asistir a espectáculos de ópera, ampliaron mucho su experiencia musical. Los alumnos de esta institución eran mayormente miembros de la nobleza o de familias adineradas, y allí forjó Schubert una serie de vínculos con jóvenes que, además de reconocer su talento, lo apoyaron económicamente. Uno de ellos, Joseph von Spaun, de una familia acomodada, fue su amigo durante toda la vida de Schubert, proporcionándole incluso el papel pautado para componer.
En los últimos años del Stadtkonvikt, el joven Franz comienza a componer canciones, música de cámara y litúrgica, dirigiendo ocasionalmente la orquesta formada por los alumnos. A fines de 1813 deja el Instituto y al año siguiente comienza a trabajar en la escuela de su padre como maestro de los más jóvenes.
Juventud
Franz tuvo siempre mejor relación con su madre, que tempranamente reconoció su talento innato. En cambio el padre era muy severo y quería a toda costa que su hijo lo secundara como maestro en su escuela. De su padre heredó la dedicación al trabajo, lo que le permitió en sus pocos años de vida producir una obra inmensa.
Entre 1814 y 1818 Schubert dedicó su tiempo a la docencia en la escuela de su padre, a dar lecciones de música en forma privada y a componer en su tiempo libre. Esto le permitió cubrir su mantenimiento económico, pero la docencia le resultaba monótona y lo que deseaba era expresarse musicalmente aunque el mundo no reconociera sus logros.
Ese período fue muy productivo, componiendo muchas canciones, entre las que se encuentran algunas de las más famosas, como Gretchen am Spinnrade (Margarita en la rueca)D.118, basada en un episodio del Fausto de Goethe y Der Erlkönig, también basado en un poema de Goethe.
Además, en esos años, amplió su círculo de amigos incorporando a von Schober, Hüttenbrenner y Mayrhofer que, además de apoyarlo, se convertirían en divulgadores y custodios de la obra de Schubert después de su muerte.
Comienza un período donde vive por períodos limitados en casa de sus amigos von Spaun y von Schober, ya que no dispone de los medios económicos para vivir solo. Esto lo libera de una serie de obligaciones y le permite tener más tiempo para componer, su verdadera vocación. Si bien Schubert era un hábil pianista, no era un virtuoso del piano. Esto lo limitaba al rol de compositor, en una época donde vivían muchos buenos compositores. Además sus canciones eran muy avanzadas para su tiempo, y de una cierta complejidad. Esto limitaba su demanda para los aficionados. En 1817 conoce al destacado barítono Johann Vogl, veinte años mayor que Franz, para el que compondrá muchas canciones y con el que hará giras por Austria promoviendo sus obras.
En 1818 el conde Johann Karl Esterházy lo contrata para que pase el verano en su palacio de Zsleiz (hoy Eslovaquia) dándole clases de piano y canto a sus jóvenes hijas, Mucho se ha especulado sobre el carácter del vínculo entre Franz y Caroline Esterházy. Lo concreto es que la edición póstuma de la famosa Fantasía en Fa menor D.940 para piano a cuatro manos está dedicada a ella. También fue compuesta en ese viaje la popular Marcha Militar en Re Mayor D.733, que originalmente es para piano a cuatro manos.
En 1819 compone una de sus obras más famosas, el Quinteto “La Trucha” D.667. El curioso nombre proviene de haber utilizado, en el cuarto movimiento, la melodía de una de sus canciones que se llama “La Trucha” (Die Forelle). Esta obra fue creada para un quinteto formado por piano, violín, viola, violoncello y contrabajo, que no representa la forma standard de quinteto con piano (piano, dos violines, viola y violoncello). Esto hace que no se lo escuche con frecuencia en los conciertos.
Madurez
Hacia 1820 Schubert alcanza la madurez musical, sus canciones logran un diálogo íntimo entre la poesía y la música que se convertirá en un modelo para los futuros compositores. Por ese tiempo la ópera era el principal entretenimiento musical y Schubert aspira a triunfar en él. Por eso dedica significativos esfuerzos a ese género pero, por diversas razones, no logra destacarse. La ópera de Schubert más conocida, Fierrabras, se estrena recién en 1897 y es muy poco representada.
También en esos años comienzan a realizarse reuniones de jóvenes artistas en torno a Franz Schubert y su música. Por eso se las conoce como “Schubertiadas” y consistían en la interpretación de canciones, obras para piano y música de cámara en la casa de alguno de los amigos de Schubert.
Estos encuentros cumplían también un rol social, porque luego del concierto se comía y se bailaba.
Schubert a diferencia de otros músicos, entre ellos su admirado Beethoven, no dejó ampliamente en cartas u otros textos su pensamiento y sus preferencias afectivas. Por eso hay muchas especulaciones y discusiones sobre sus preferencias sexuales y sobre su vínculo con mujeres. En muchos casos se tomaron comentarios que sus amigos realizaron luego de su muerte, como verdades sin mucho sustento. Las dos mujeres que se suelen citar como probables “amadas” por Franz son Therese Grob una joven soprano de rica familia, a quien le dedicó varias obras y Caroline Esterhazy, hija de un conde a la que brindó lecciones de piano y canto. En los dos casos la diferencia socioeconómica entre el músico y ellas, era imposible de superar en esos tiempos. En sus canciones, Schubert le dedica mucho espacio a la melancolía por esos amores no concretados.
En el año 1822, a pesar de todas sus desventuras, Schubert comienza a tener un cierto reconocimiento por su obra. Comienza a componer la Sinfonía N° 8 D.759 y a fin de año tiene completados los dos primeros movimientos y esbozado el tercero. Pero en 1823 contrae sífilis, una enfermedad que no tenía cura en esa época. Detiene la composición de la sinfonía y no la vuelve a retomar, por lo que se la conoce como “Inconclusa o Inacabada”. Se ha discutido mucho sobre las razones de esta situación, y hoy se la considera una sinfonía de sólo dos movimientos de gran belleza.
En 1823 compone el ciclo de canciones “La bella Molinera” (Die schöne Múllerin).
En los años 1825/26 compone una sinfonía, la N°9 en Do mayor (“La Grande”) D.944 donde desarrolla todas sus capacidades sinfónicas.
En 1825 Schubert compone una canción que es parte de un ciclo con poesía de Walter Scott y se llama “Tercera canción de Ellen”. La poesía cuenta las desventuras de Ellen y su padre en la lucha de clanes en Escocia. En un momento dado Ellen entona un ruego que comienza en Ave María. Con la música de esa canción de Schubert y un texto adaptado a la liturgia católica, la canción se convirtió en la melodía del músico más difundida, el Ave María D. 839 de Schubert.
En medio de un alivio económico por un mayor reconocimiento de su obra, sigue componiendo música donde refleja profundamente la soledad de su vida.
Últimos años
En sus últimos años alcanza una plena madurez en sus composiciones y trabaja intensamente, a pesar de sus problemas de salud, como presintiendo que le queda poco tiempo. En marzo de 1827 fallece su admirado Ludwig van Beethoven. Franz participa portando una antorcha en el multitudinario homenaje de Viena a uno de los mayores compositores.
Un año después ofrece el único concierto público con sus obras, que es un éxito económico y de público. De ese período es su ciclo de canciones “Viaje de Invierno” (Winterreise), las tres últimas sonatas para piano, los dos tríos con piano y un ciclo de canciones editado póstumamente como “Canto del Cisne” (Schwanengesang) que incluye “Serenata” (Ständchen) D.957.
También de ese período son las dos series de 4 Impromptus, D.899 y D.935.
La salud de Schubert se complica durante 1828 y finalmente fallece el 19 de noviembre de ese año, con tan sólo 31 años, legándonos una obra inmensa, plena de emoción y con una gran calidad compositiva. Como con otros aspectos de la vida de Franz, no queda claro si falleció por fiebre tifoidea o por complicaciones de la sífilis o por ambas causas combinadas. A su pedido fue sepultado muy cerca de la tumba de Beethoven.
El reconocimiento del valor de la obra de Schubert fue progresivo, ya que recién se estrenó su última sinfonía en 1839 y lo mismo sucedió con muchas obras que recién fueron publicadas a fines del siglo XIX. Recién en 1951 se publicó un catálogo ordenado de la obra de Schubert realizado por el musicólogo Otto Erich Deutsch. Es por eso que las obras llevan ahora el número de orden en este catálogo junto a la letra D.
La vida de Franz Schubert es un notable ejemplo de cómo un ser humano pudo combinar su genialidad innata con una férrea voluntad y de ese modo imponerse sobre los obstáculos de la vida. Su legado trasciende el tiempo y nos emociona con su mensaje.
Gracias Franz!